
La mente humana tiende a aceptar información que confirma lo que ya cree, independientemente de la validez de esas creencias, y rechaza la información que la desafía. Esto se llama “sesgo de confirmación”.
Inundados por un flujo de información constante e incontrolado, buscamos instintivamente datos que se ajusten a nuestras ideas, por la misma razón que rechazamos inmediatamente cualquier otra cosa. Además, las personas ignorantes no solo cambian sus puntos de vista, sino que también hablan cuando tienen los hechos correctos. Esta actividad disruptiva en nuestro cerebro aumenta el impacto de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, pero no siempre es beneficiosa.
La red promueve el “adoctrinamiento doctrinal a través de nuestra fe”. Los buscadores y las redes sociales filtran la información según las preferencias del usuario y adaptan la información que proporcionan, lo que es ciertamente conveniente, pero igualmente peligroso.
La esquiva personalidad de Internet te hace pensar que tienes una visión integral de un tema, cuando en realidad solo tienes una visión distorsionada. Desde un punto de vista social, esto significa que se vuelve cada vez más difícil estar de acuerdo con diferentes puntos de vista y formar una voz justa, libre y democrática, mientras que a largo plazo se vuelve más difícil resolver los problemas sociales.
Así que vamos a sumergirnos en la diversidad. Leamos diferentes periódicos, escuchemos diferentes estaciones de radio, busquemos personas que nos aporten nuevas ideas o veamos los problemas de manera diferente, no simplifiquemos su pensamiento, luchemos por la variedad y la diversidad, garantías de libertad. No podemos reclamar el arduo trabajo de observar nuestros cerebros para evitar el sesgo inconsciente de escuchar solo lo que queremos escuchar, pero podemos insistir en la divulgación.
Las consecuencias más comunes de nuestro sesgo de aprobación son:
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