
La apnea o buceo independiente (freediving) es un deporte extremo, el cual tiene como base la suspensión voluntaria de la respiración dentro del agua a medida que se recorren largas distancias o se desciende hasta monumentales profundidades. Aunque, en un inicio, logre parecer entrenamiento físico, el deporte de la apnea se inspira primordialmente en la relajación de la mente del sujeto, la buena ingesta de alimentos e hidratación, el impulso de los reflejos mamíferos en humanos, y el entrenamiento en ambientes de hipoxia y de presiones hidrostáticas altas donde los gases se comprimen dramáticamente y el volumen de los pulmones se ve de manera considerable limitado.
Esta actividad lleva a cabo el bajón a la hondura del océano a pulmón libre, o sea, sin grupos de submarinismo clásicos como el esnórquel. En un inicio la disciplina permitía descender unos pocos metros (30 metros con peso variable en 1849) pero, mientras se fueron sofisticando las prácticas, alcanzó a sobrepasar el límite de 120 metros con peso variable, por lo cual se requirió de una cuerda atada a un ancla perfectamente vertical para evadir la desorientación del apneísta. Con este mecanismo únicamente se sigue la cuerda en el bajón y ascenso sin la necesidad de orientarse abriendo los ojos.
La Asociación Internacional para el Desarrollo de la Apnea (AIDA) reconoce 6 maneras diversas:
La apnea deportiva es una subdisciplina dentro del buceo. Se estima un deporte de peligro, ya que se ejerce a inmersión a pulmón independiente (sin ayuda de bombonas de oxígeno) y podría ser estática o con recorrido de largas distancias. Dicho en términos más primordiales: se apoya en soportar sin respirar bajo el agua. Hay varias maneras de apnea deportiva y combinaciones entre sí: dinámica, estática, con peso constante o variable, con o sin aletas.
Todos poseen en común la averiguación del mayor tiempo sin sacar la cabeza para respirar, sea en el mismo lugar (competiciones estáticas) o en largas distancias. El récord absoluto en este sentido lo poseen el griego Giorgos Panagiotakis y el polaco Mateusz Malina, que recorrieron 300 metros en apnea dinámica con aletas en 2016, en lo que en estática el récord es del francés Stepháne Misfuz, que soportó 11 min y 35 segundos sin respirar bajo el agua en una prueba disputada a tal impacto en 2009.
Los nadadores de élite poseen bastante presente las virtudes de la apnea, en especial referente a concentración y relajación muscular previamente y luego de las competiciones. Sin embargo, si la apnea se estima un deporte de peligro es justamente, ya que la privación de oxígeno puede derivar en inconvenientes de hipoxia, trombosis o inclusive el deceso por su práctica errónea.
La apnea es una actividad segura siempre que se cumplan unos requisitos de seguridad, confirma Santiago Jakas, mandatario de la Sociedad De España de Apnea Deportiva (AEA). Hay un protocolo de seguridad que se debe seguir. Aquellas medidas integran un cabo guía, una cuerda que el apneísta usa para descargar y subir verticalmente, y la ayuda de un apneísta de estabilidad, que sigue a quien hace el bajón. El ayudante solo tiene que velar, pues toda la actividad trascurra sin inconvenientes. El primordial riesgo para el individuo sumergido se muestra en su ascenso, por esa razón el ayudante tiene que acompañarlo en el último tercio de la subida. Las embarcaciones se aplican en los campeonatos, empero no son primordiales para hacer la actividad.
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